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Reflexiones sobre 'Lección De Pedagogía', por Inger Enkvist

Parte de la colección “El Elogio de la Educación: Consejo de mentes brillantes”, Lección de pedagogía es un pequeño librito publicado por la Secretaría de Educación Pública de México como parte de una serie de textos enfocados en la formación continua del magisterio.

Este texto, que llegó a mis manos después que en una escuela pensaban tirar “basura” y lo recuperé junto con otros libros de la colección que espero mencionar pronto, nos muestra la visión de su autora acerca de la educación actual, o como ella la llama, la eduación postmoderna en una multitud de críticas hacia el modelo educativo que rige el discurso hoy día. No solo se atreve a criticar el constructivismo, panacea de la pedagogía moderna, sino también temas que hoy día están tan en boga como lo son la inclusión educativa, la incorporación de la comunidad como centro del aprendizaje o el aprendizaje por proyectos, por mencionar algunos.

Estamos pues, ante un ensayo bastante atrevido y controversial, que pone en tela de juicio los últimos sesenta años de investigación educativa y cuestiona con evidencias su éxito. Enkvist no duda en dejar ver una visión de la educación conservadora, que aunque haga ruido a más de un profesional de la educación no podemos negar algo: tiene razón. No en todo, y varios de sus argumentos son debatibles, pero es imposible no aceptar el mensaje principal de su obra: una buena educación requiere buenos profesores a los que se le debe reconocer con prestigio, y se debe educar con cierto nivel de exigencia en cuanto a lo que se espera que los alumnos logren.

En este texto pretendo recuperar algunos de los puntos que más me llaman la atención de la tesis de Enkvist y proponer mi propia interpretación dentro de mi ámbito de acción, que es el de profesor frente al aula. Dicho esto, se omitirán, en la medida de lo posible, los argumentos de tipo político, pues en ellos no hay nada que pueda hacer.

El constructivismo como pedagogía fallida

La principal corriente pedagógica que rige los currículos hoy día es el constructivismo. La instrucción, o “educación tradicionalista”, en la cual el profesor enseña a los estudiantes está mal vista; en su lugar se busca que el estudiante construya su conocimiento por sí mismo y el profesor da las herramientas necesarias. Dentro de las principales prácticas constructivistas encontramos el aprendizaje basado en proyectos, siendo bastante relevante hoy día pues el próximo plan de estudios mexicano incorpora fuertemente este estilo de trabajo.

Enkvist critica fuertemente estas metodologías, mencionando que dejan de lado la teoría por una práctica vacía. Sobre el constructivismo menciona que es “una idea a la vez obvia y cuestionable” (Enkvist, 2015, p. 40) pues mientras que aboga porque cada alumno llegue a su propia visión de la realidad, se espera que todos lleguen a la misma visión. El trabajo por proyectos, por otro lado, lo considera futil pues los alumnos carecen de los conocimientos necesarios para aprender algo. “Se ha visto que los expertos trabajan en proyecto y se ha sacado la conclusión de que el trabajo en proyecto brinda buena calidad. Sin embargo, la calidad depende de los conocimientos amplios y profundos de los participantes, es decir, precisamente lo que no tienen los alumnos que por eso son alumnos” (Enkvist, 2015, p. 72).

En este tenor, los profesores hemos cometido un error al intentar utilizar una sola metodología de enseñanza como si no pudieran coexistir. El resultado de esto, es lo que Enkvist critica del constructivismo y lo que los gurús de la nueva pedagogía critican del conductismo, tachándose de errados los unos a los otros. Para que un proyecto pueda llevarse a cabo es necesario que los alumnos tengan conocimientos. Sí, pueden (y no tendría sentido un proyecto si no) aprender nuevos conocimientos durante la ejecución del proyecto, pero los conocimientos teóricos no pueden dejarse de lado, los cuales se deben aprender de una forma más “tradicionalista” y ojo que con esto no me refiero a la clásica crítica de la eduación, donde el profesor dice una verdad que los estudiantes deben memorizar sin más, pues hasta para la “instrucción” se puede ser creativo y fomentar a la reflexión.

Los proyectos son perfectos como trabajos integradores, y no es imposible jugar de vez en cuando si el juego tiene un objetivo introductorio o conclusivo, pero basar la eduación enteramente en proyectos dejando de lado el conocimiento es un error en el que los maestros hemos sido tentados, especialmente cuando nos centramos en proyectos bonitos, vistosos y creativos que no aportan mucho al aprendizaje. “Si los alumnos producen muñecas que representan a personajes de otras épocas […] recordarán haber hecho precisamete eso, pero no recordarán los datos históricos.” (Enkvist, 2015, p. 72)

Pese a la tecnología actual, el conocimiento sigue siendo necesario

Todo está en internet hoy día. Una búsqueda rápida en YouTube nos puede llevar a un tutorial para hacer lo que sea, desde una receta de cocina hasta resolver integrales. En TikTok aprendemos life-hacks y nos informamos de como está el mundo en menos de un minuto. Si realmente necesitara saber que fue el Romanticismo, o la composición química del acetileno, lo busco en Google. Esta idea que permea en la mente de los jóvenes es compartida por varios adultos. Entonces la escuela debería enseñar no conocimiento, sino a investigar este conocimiento cuando sea necesario y a dominar sus áreas de interés. Enkvist le entrega la denominación de mito a esta afirmación, criticando la idea que la educación debe cambiar porque estamos en el siglo XXI, pues mientras la tecnología cambie, los fundamentos científicos lo hacen a un ritmo mucho más lento. Y con esta idea no puedo estar más de acuerdo.

No olvidaré la ocasión en la que un directivo me pidió que le enseñara a los niños a ser Youtubers, ya que ese era su interés. Ya que doy clases de matemáticas, en lugar de hablar de fracciones o como leer una gráfica, ¿por qué no mejor les enseñaba a subir videos a YouTube o aprendíamos que significaban los varios números de YouTube Studio? El lector podrá imaginarse mi cara en esos momentos.

Podemos pasar años enteros enseñando a los jóvenes a usar las tecnologías web, pero sin conocimiento no serán capaz de utilizarlas para nada. ¿Cómo discernir si una información es real o no? ¿Cómo validar un dato? ¿Cómo interpreto los números que veo en la pantalla? Por ejemplo, en estos momentos hay un huracán cerca de mi ciudad. Google Assistant me dice que está a 600 km de distancia y se mueve a una velocidad de 12 kilómetros por hora. ¿Qué significa esa información? Sin los conocimientos básicos de matemáticas no podremos intepretar la información. En TikTok un video dice que la COVID-19 se transmite por ondas electromagnéticas generadas por las antenas 5G, pero una persona con conocimientos básicos de primaria puede analizar dicha información y darse cuenta que carece de total lógica. “Para entender la información en Internet, el alumno necesita conocimientos previos y un buen vocabulario, porque sin conocimientos previos el alumno no entiende y no puede valorar la información que encuentra en Internet” (Enkvist, 2015, p. 71)

Lo anterior no significa que las nuevas tecnologías no puedan ser introducidas a la educación o que no puedan ser el punto de partida para una clase significativa. Volviendo al ejemplo de mi directivo que quería formar Youtubers, por supuesto no les di clases de “Creador de contenido”, pero varios ejercicios matemáticos giraron en torno a este tema. Por ejemplo, calcular el interés que la plataforma cobra por video, calcular las ganancias (porcentajes) o que significa la “M” y la “k” que aparece al lado de los subscriptores en ciertos canales (múltiplos y submúltiplos).

Es necesario aumentar la exigencia tanto en profesores como en alumnos

En toda la Lección de Pedagogía se recuerda constantemente como el prestigio de los docentes ha ido disminuyendo con el tiempo en la sociedad occidental. Y esto es verdad. En México el profesor no es una figura especialmente prestigiosa o respetada, y es más bien visto como un empleado más del gobierno, y en las últimas décadas la imagen que la sociedad tiene del docente se ha degradado bastante. Sin embargo, y aunque nos guste culpar al gobierno de una campaña de desprestigio, es cierto que la actitud de varios docentes deja que desear. Algo que la autora sueca no deja de mencionar en su texto.

Para Enkvist, el profesor debe ser alguien íntegro en su persona. No solamente debe ser una persona éticamente intachable, sino que su apariencia física debe ser cuidada, debe ser creativo, interesado por su salud personal la cual debe cuidar, y además de esto debería estar entre los estudiantes más brillantes de su generación de bachillerato. Todo esto ayuda no solo a elevar el prestigio del profesor (eres educado por una de las personas más inteligentes de tu país) sino a mantener el respeto y la buena imagen ante la sociedad. Y esto es innegable, un profesor que cuida su apariencia en el trabajo, que mantiene una imagen pública honrosa y ética y que demuestra conocimientos amplios es más fácil de admirar y respetar que uno que no cuida su imagen pública. Sin embargo, estas exigencias parecen haberse relajado en la educación actual y, según la autora, quienes actualmente enseñan a los alumnos no cumplen con todos estos requisitos, requisitos que deberían, afirma, ser exigidos por los gobiernos antes de contratar profesores.

Por otro lado, los estudiantes gozan de una vida escolar cada vez más laxa y sin exigencias. Esto lo podemos ver en los últimos dos ciclos escolares: alumnos que jamás se presentaron a clases fueron promovidos. Pero incluso antes de la pandemia se puede apreciar como el currículo se vuelve más vacío y lo que se espera de los estudiantes es cada vez menos. “Lo intentó, eso ya es motivo de promoción”. Enkvist, y quien redacta esta reflexión concuerda, en que la vida real no es tan buena, y que la escuela debería enseñar a los estudiantes a desenvolverse en la vida real. En la vida real llegar tarde es penado, ser grosero es mal visto, no cumplir con tus responsabilidades tiene fuertes consecuencias. Los estudiantes viven en un mundo de “no pasa nada”, y el problema es que algunos de ellos van a introducirse a la vida adulta sin cambiar esta percepción de la vida. Los profesores deben ser quienes enseñen, tanto indirectamente con su desenvolvimiento personal, como directamente a través del contenido, los comportamientos éticos esperados en un buen ciudadano.

El punto de inflexión: la inclusión y la psicología

Hasta el momento se podrá apreciar en los puntos que he abordado (que no son más que una pequeña parte de todos los temas abordados en el libro) demuestro una afinidad por los pensamientos de Enkvist, o al menos no estoy totalmente en contra de ellos. No obstante, me es imposible estar de acuerdo con la idea que la inclusión es un error y los aspectos psicológicos deben eliminarse de la enseñanza.

¿A qué me refiero? De acuerdo con Enkvist, la idea de la inclusión es un intento más por reducir las exigencias del currículo, pues no puedes excluir a quien no sabe, por lo que reduces el currículo para hacerlo más fácil y que todos tengan acceso a la educación. De forma similar critica fuertemente la presencia de elementos sociológicos en la educación, como preocuparse por la comunidad, la familia o los problemas externos de los estudiantes. Los profesores no son ni psicólogos, ni trabajadores sociales, tampoco son especialistas en tratar alumnos con discapacidades, por lo cual no debería el profesor centrarse en esos temas y enforzarse totalmente en la enseñanza.

Este es un punto de inflexión para mí, pues la inclusión debe ser un aspecto medular de la eduación. La educación que el estado imparta debe ser para toda la población, no solamente para aquellos que están sanos o que no viven en familias disfuncionales. Inger Enkvist menciona algo que debemos aceptar: los gobiernos deben ofrecer medidas para que estos estudiantes puedan salir adelante. Y es cierto, el profesor no es ni psicólogo, ni sociólogo ni especialista en tratar alumnos con discapacidad, pero en las escuelas deben estar estos especialistas, y el docente debe de ser el canal de comunicación con ellos. El profesor se encarga de dar clases mientras que los especialistas de tratar las situaciones particulares, para después comentar a los profesores que puede hacer para ayudar a estos estudiantes y que toda la comunidad escolar se vea beneficiada.

Propongo un ejemplo de acción. Supongamos que en un salón hay un alumno con Autismo que provoca situaciones de desorden, además de captar poco de la clase. ¿Debe importarle esto al profesor? ¡Por supuesto que sí! Pero no debe ser su trabajo tratarlo. Afortunadamente en México, las escuelas cuentan con un equipo de especialistas: la Unidad de Servicio de Apoyo a la Eduación Regular, o USAER por sus siglas. La canalización con la unidad por parte del profesor permitirá que ahora un equipo de personas cualificadas para ello trabajen con el estudiante con Autismo y le ofrezcan al docente ideas o estrategias de trabajo. Recordemos que el estudiante de nuestro caso hipotético causaba desorden en las clases, por lo que la actuar de la Unidad tendrá un efecto postivo en todo el grupo. En conclusión, y a diferencia de lo que afirma Enkvist, no es trabajar extra por el bien de un solo alumno, sino que trabajamos por el beneficio de todos, y excluir estudiantes no está permitido en una educación que afirma ser para toda la sociedad y no solo unos pocos privilegiados.

Y si las cosas son así, ¿por qué no se llevan a cabo en la práctica? Volvemos al tema de cómo los gobiernos deben ofrecer medidas para que todos los estudiantes salgan adelante. En México, aunque USAER, los trabajadores sociales y los psicólogos existen en las escuelas, la verdad es que no se dan abasto o no se les ofrecen las condiciones mínimas necesarias para llevar a cabo su labor. Por ejemplo, los especialistas de USAER generalmente trabajan en dos o más escuelas, y en cada una tienen que atender 30 o más estudiantes, esto en situaciones laborales de incertidumbre. Sin embargo, continuar por esta línea de pensamiento me llevará a abordar temas políticos que prometí al inicio de este ensayo no abordar y que superan los objetivos del mismo.

Una lección que todos deberían tomar

Como mencioné al inicio, Lección de Pedagogía es un libro atrevido y controversial. Estoy seguro que quien lea este texto mantendrá, en más de una ocasión, una ceja levantada ante el lenguaje directo de la autora. Y pues no duda ni un segundo en criticar aquellas bases que nos forjaron durante nuestros años de educación Normal, y que incluso se siente como una fuerte crítica ante la dirección que la futura currícula pretende seguir (irónico, al ser un libro de distribución gratuita precisamente para la formación del magisterio). Sin embargo, y contrario a lo que quizás he dado a entender hasta ahora, no todo es crítica en la Lección, y en sus páginas encontraremos también amplia información, consejos prácticos y bibliografía adicional, cuyos libros ya he comenzado a leer.

Yo me he limitado a recuperar aquí solamente aquellos puntos que a mi más me interesaron, pero dejo muchas ideas en el tintero. La principal reflexión que la Lección nos deja es que la profesión docennte es de las más importantes de la sociedad, y que se ha ido desprestigiando y convirtiendose en un discurso político y social. Somos los docentes quienes podemos cambiar esta situación y mejorar a la sociedad en la que vivimos, pero para ello, primero debemos creernos este papel y tener la labor educativa en alta estima.

Referencias

Enkvist, I. (2015) Lección de Pedagogía. Sindicato Nacional de Trabajadores de la Eduación